El alcohol y las drogas siempre afectan a la conducción porque siempre alteran el funcionamiento de nuestro cerebro

Paciente de Irenea en Vithas Vigo realizando una sesión de fisioterapia tras sufrir traumatismo craneoencefálico

Ante el aumento de los desplazamientos durante el verano y coincidiendo con la campaña especial de vigilancia y control de alcohol y drogas de la Dirección General de Tráfico (DGT), queremos recuperar un tema, del que ya hemos hablado en nuestro blog, que es cómo afectan el alcohol, las drogas y determinados medicamentos al cerebro y por qué su consumo es incompatible con una conducción segura.

Conducir es una de las actividades cotidianas que exige un mayor rendimiento cerebral. Mientras estamos al volante debemos integrar información visual, auditiva y espacial, mantener la atención durante todo el trayecto, anticipar el comportamiento de otros vehículos, tomar decisiones en fracciones de segundo y coordinar cada movimiento con precisión.

La mayor parte del tiempo realizamos todas estas acciones de forma automática. Sin embargo, basta con que una de estas funciones falle durante unos segundos para que el riesgo de sufrir un accidente aumente de forma considerable. 

El alcohol, las drogas y algunos medicamentos alteran el cerebro de formas diferentes

El alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central. Tras su consumo alcanza el cerebro en pocos minutos y modifica la comunicación entre las neuronas. Como consecuencia, se ralentiza el procesamiento de la información, disminuye la capacidad de concentración, empeora el juicio y se altera la coordinación de los movimientos. 

Las drogas también afectan al funcionamiento cerebral, aunque cada una lo hace mediante mecanismos distintos. El cannabis altera la atención, la percepción del tiempo y de las distancias y dificulta la toma de decisiones. La cocaína y otros estimulantes pueden favorecer la impulsividad y generar una falsa sensación de control, mientras que sustancias como las anfetaminas, los opioides o las drogas de síntesis también pueden alterar la percepción, el equilibrio o la capacidad para responder ante un imprevisto.

A ello se suma el efecto de determinados medicamentos, como algunas benzodiacepinas utilizadas para tratar la ansiedad o el insomnio, que pueden provocar somnolencia, disminuir el estado de alerta y ralentizar el tiempo de reacción

Aunque los mecanismos sean diferentes, el resultado es siempre el mismo ya que el cerebro pierde capacidad para responder con rapidez y precisión cuando más lo necesita.

De hecho, uno de los aspectos más preocupantes es que nuestras sensaciones no siempre reflejan el funcionamiento real del cerebro. Y, por este motivo, investigaciones recientes han demostrado que, tras el consumo de alcohol, la percepción subjetiva de recuperación puede aparecer antes que la recuperación de capacidades como el rendimiento motor, la atención sostenida o el control psicomotor. En otras palabras, una persona puede pensar que ya está en condiciones de conducir cuando determinadas funciones cerebrales siguen alteradas.

Y es que, precisamente, esa falsa sensación de normalidad puede llevarnos a asumir riesgos innecesarios al volante, porque creemos que nuestras capacidades han vuelto a la normalidad cuando el cerebro todavía no funciona al cien por cien.

Daño cerebral tras sufrir un accidente de tráfico

En neurorrehabilitación conocemos bien las consecuencias que puede tener una decisión tomada en apenas unos segundos. El traumatismo craneoencefálico constituye la segunda causa de daño cerebral adquirido y puede dejar secuelas cognitivas, motoras, emocionales y conductuales que acompañen a la persona durante meses, años o incluso durante toda la vida.

Detrás de cada lesión cerebral hay una historia personal y familiar que cambia por completo. Muchas de ellas podrían haberse evitado. Por eso, más allá de recordar una norma de tráfico, queremos recordar que cuando vayas a conducir, recuerda que la mejor forma de protegerte a ti, a quienes viajan contigo y al resto de personas en la carretera es hacerlo sin alcohol, sin drogas y siendo consciente de que el cerebro necesita funcionar al cien por cien para llevarte seguro a tu destino. 

Post redactado por la Dra. Belén Moliner, directora clínica de Irenea

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