Dieta segura y gradual tras un ictus. Aprende a prevenir la malnutrición

paciente neurológico comiendo con una dieta segura en Irenea, tras sufrir un ictus

Después de sufrir un ictus, la deglución y la nutrición se convierten en componentes cruciales en la rehabilitación. Investigaciones recientes, han destacado la estrecha relación entre la disfagia y la desnutrición en pacientes post-ictus, tanto en el momento del ingreso como en los meses posteriores. Además, estudios recientes en nutrición hospitalaria han resaltado cómo el estado nutricional deficiente del paciente puede afectar negativamente el pronóstico funcional de la enfermedad

En este artículo, queremos explorar la importancia de una dieta segura y gradual en la prevención de la malnutrición y la promoción de una recuperación efectiva tras un accidente cerebrovascular.

Dieta segura tras sufrir un ictus

En nuestros centros de neurorrehabilitación de IRENEA, cuando un paciente inicia tratamiento, ya sea de en régimen de hospitalización como ambulatorio, es valorado por logopedas especializados en disfagia, por el equipo de nutricionistas, y por el equipo médico. El plan de tratamiento de la deglución es transdisciplinar, de manera que la dieta se irá adaptando según la capacidad del paciente para deglutir de manera segura, e igualmente, según vaya evolucionando. Además, la evolución de la disfagia, suele ir a la par que la evolución en el resto de áreas (motora, neurocognitiva y neuroconductual).

La deglución puede verse afectada tras un ictus por la musculatura y las estructuras implicadas, que no pueden moverse adecuadamente o han perdido la sensibilidad, o bien, por una alteración atencional o neurocognitiva.

Por eso, en ocasiones, el paciente puede empezar con el acceso a una dieta basal, es decir, a una dieta con todo tipo de alimentos y consistencias, mientras que, en otras, requerirá dietas adaptadas con determinadas consistencias, como consistencia túrmix, o dietas en las que hay un primer plato de consistencia triturada y otro de consistencia blanda (tortilla francesa, queso fresco). 

De hecho, a la hora de adaptar la dieta, nuestra principal preocupación es la seguridad y la eficacia. Por eso, nunca prescribimos un alimento que pueda plantear dudas sobre su ingestión. Es esencial que los cuidadores y familiares respeten estas pautas, incluso si el paciente expresa deseos contrarios, ya que una dieta que no esté adaptada a su capacidad para tragar de manera segura y eficaz puede implicar el paso de alimentos a vía respiratoria y provocar neumonías u otras alteraciones, que pueden llegar a revestir gravedad.

Malnutrición tras sufrir un ictus

Por otra parte, es importante recordar que después de un ictus, algunas personas pueden tener problemas de deglución, así como para obtener y preparar alimentos por sí mismas. Esto puede llevar a problemas nutricionales, como no obtener suficientes nutrientes con la dieta habitual. Por otro lado, algunos pacientes que presentan trastornos de la personalidad de tipo impulsivo y desinhibido, lo que les lleva a comer en exceso alimentos ricos en grasas saturadas, siendo incapaces de autorregular sus impulsos.

En resumen, las dificultades para comer y cuidarse adecuadamente pueden afectar la salud de diversas maneras después de un accidente cerebrovascular. Por eso, desde un punto de vista nutricional, para contrarrestar estas complicaciones y promover la recuperación del paciente, es crucial seguir una dieta balanceada y saludable, e implicar a la familia del paciente en dicho objetivo.

Alimentación para personas tras un ictus

A continuación, os compartimos algunas características clave de la dieta recomendada para personas que han sufrido un ictus, siempre teniendo en cuenta que los distintos alimentos deberán ser consumidos en la consistencia y de la manera más adecuada al paciente.

  • Consumo mayoritario de glúcidos de absorción lenta (arroz, pasta, legumbres, patatas) y restricción de los de absorción rápida (azúcares).
  • Reducción de la ingesta de grasa saturada y colesterol, con un límite de menos de 300mg/día.
  • Aumento del consumo de pescado y empleo de aceites vegetales y aceite de oliva para mejorar el perfil lipídico.
  • Ingesta mínima de proteínas de 1g/kg/día, con una distribución equitativa entre origen animal (carne, pescados, huevos) y vegetal (legumbres y cereales).
  • Reducción del consumo de sodio en caso de hipertensión, evitando alimentos procesados y condimentos con sal.
  • Consumo adecuado de potasio si se administran diuréticos, mediante alimentos como plátanos y verduras.
  • Asegurar la ingesta suficiente de calcio, alrededor de 800mg/día.
  • Incorporación diaria de fibra soluble e insoluble para regular la glucemia y mejorar la función intestinal.


Además de seguir estas recomendaciones nutricionales, es fundamental recordar que siempre es recomendable buscar la orientación y el apoyo de un profesional especializado en la alimentación del paciente neurológico.

Por último, como conclusión, queremos resaltar que un enfoque cuidadoso y progresivo de la alimentación y una vigilancia estrecha de la nutrición, permite que la evolución del proceso neurorrehabilitador del paciente sea mejor, y por tanto, ayuda a una recuperación adecuada de las secuelas tras sufrir un ictus.

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